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domingo, 3 de abril de 2011

Desde Vistalegre

Se acaba de celebrar en Vistalegre un encuentro de todos aquellos que creemos que es posible regenerar la política española. Para los que vinimos de Cataluña este acto ha tenido una segunda significación: la constancia de que en España hay una fuerza política de progreso que cree en lo que nos une, que cree en lo que compartimos y que cree que lo que nos une y compartimos tiene futuro.

Por ello hoy quiero enviar desde aquí un mensaje de agradecimiento a todos los que asistieron, por participar en la constitución de este partido, por participar en este proyecto, un proyecto inequívocamente nacional como le gusta afirmar a nuestra portavoz Rosa Diez. Y os damos las gracias porque los ciudadanos de Barcelona y por extensión la mayoría de los ciudadanos de Cataluña os necesitamos.

Muchos ciudadanos catalanes necesitamos que desde la sociedad española emerja una fuerza política organizada que ponga fin al vergonzoso fulaneo que concitan con los dos partidos nacionales unas fuerzas políticas que no sólo no creen en España, nuestro proyecto común, sino que le han puesto fecha de caducidad. Unas fuerzas políticas que ahora van, por un lado por las esquinas y calles de Cataluña clamando por una independencia, mientras que por el otro mercadean con su voto para condicionar al gobierno español.

Unas fuerzas políticas que en Cataluña pretende excluir de la participación en la vida institucional, de la participación en la vida social, de la participación política, cultural y económica a aquellos sectores que deseamos mantener vivos nuestros vínculos  con el resto de la sociedad española de la cual provenimos.

Queremos aprovechar esta ocasión para dejar constancia que nuestro compromiso con UPyD no es para alcanzar vuestra protección a la luz de la precaria situación en la que en Cataluña estamos, no venimos a pedir la protección que sí pidió el catalanismo en su memorial de agravios en 1885 al rey Alfonso XII frente a las importaciones inglesas. No venimos a pedir la protección que sí agradeció el catalanismo burgués a Primo de Rivera cuando el pistolerismo amenazaba sus vidas. No venimos a pedir la protección que sí pidieron los propietarios de Cataluña a Franco cuando la Generalidad republicana colectivizó empresas y tierras.

Venimos a pediros que desde esta fuerza política emergente que va a empezar sus primeros pasos en la política local vuestro comportamiento ejemplar nos llene de razón y por ello de legítimo orgullo. Como bien ha dicho Albert Boadella en su comunicado se trata de actuar con ética y sentido común. Como ha dicho Fernando Iwasaki se trata de actuar con rectitud, decencia y honestidad.

Que vuestro comportamiento como políticos por ajustado a derecho, por sereno, por racional, por creativo, por generoso, por diligente, por comprometido, nos llene de orgullo ante quienes bajo la escusa de victimismo quieren erigir un muro en el propio seno de nuestra comunidad. Sólo así podremos crecer en Cataluña.

Os necesitamos, no nos falléis.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Crónica desde el Ágora

Ayer Ágora Socialista nos dio la oportunidad de tener un debate enormemente interesante con uno de los pesos fuertes del socialismo catalán: Celestino Corbacho. El título de la conferencia-coloquio fue: Qué PSC queremos.

La intervención de Corbacho fue lo que al parecer es un discurso enlatado que están repitiendo los dirigentes del PSC allí por donde van. Inició su explicación haciendo balance de los logros del PSOE, más que del PSC, desde la recuperación de la democracia. Al PSC le atribuyó el mérito del cambio realizado desde la administración local y planteó la necesidad de seguir en esta línea de progreso insistiendo en el desarrollo y profundización del catalanismo de progreso.

Se escudó en que en Cataluña fue necesario plantear el gobierno tripartito, no por coincidencia con sus socios de gobierno, sino porque era la única vía para alcanzar el poder y se quedó tan fresco a pesar de que dijo que el haber sido ministro le quitaba frescura. Responsabilizó de la crisis a la globalización y al sistema financiero y consideró fatalmente inevitable que la ciudadanía quisiera poner cara a los responsables de la crisis y que en este empeño sólo era posible poner la de los gobiernos. Así pasa en todo el mundo.

Aparte de mostrarnos con claridad el camino por el que él piensa que hay que continuar: el del catalanismo de progreso, evitó asumir una especial responsabilidad que recae sobre sus hombros. Comparó la crisis con una pandemia global que cuando llega a España se encuentra con un paciente debilitado aquejado de una gripe provocada por un modelo productivo de bajo valor añadido basado en la economía del ladrillo. Tuve que recordarle que omitía un factor agravante: el provocado sobre el Estado por el raquitismo que había generado la segunda generación de estatutos que el PSC puso en marcha desde Cataluña.

El auditorio esperaba con interés que Corbacho presentara los primeros esbozos del proceso de regeneración política para el PSC a culminar en su próximo congreso, pero la decepción fue instalándose entre los asistentes a medido que Corbacho desgranaba su propuesta. Reivindicó sin convicción retomar la autonomía del proyecto socialista con objeto de volver a gobernar en Cataluña e impulsar el máximo desarrollo del estatuto de autonomía--pásmense ustedes--¡aprobado por el pueblo de Cataluña! Ni la más mínima concesión a la sentencia del Tribunal Constitucional. Con preocupación, con profunda preocupación, porque creo que en el fondo no se percató de lo que le habían hecho decir los folios que alguien le preparó, le tuve que recriminar su llamada a la vía insurreccional y su alineación con las tesis soberanistas.

Intentó justificar esta postura apelando a que de otra forma se darían alas al independentismo. Triste recuerdo nos provoca la estrategia del apaciguamiento precisamente de los nacionalismo que si de algo la historia deja constancia es de sus sed infinita e insaciable.

Me vino al pelo su afirmación sobre la necesidad de construir referentes desde la política local porque esa es precisamente la vía que inicio con mi candidatura para las próximas elecciones municipales. Barcelona puede ser un buen principio para una apasionante experiencia política.

Continuó planteando que mientras se construye una nueva alternativa al gobierno actual, habrá que hacer una oposición responsable—aquí aprovechó para criticar el reciente recorte en el sistema sanitario—llegando a afirmar, sin que se le moviera una sola pestaña, que no dejarían que este nuevo gobierno de la Generalitat se escudara en los discursos identitarios. No pude por menos que señalarle que en ese terreno su credibilidad, a la luz del trabajo llevado a cabo por el PSC, era totalmente nula.

El PSC se aboca a continuar como compañero de viaje del catalanismo político y las personas que podrían dar un golpe de timón como Celestino Corbacho carecen de la capacidad para dar el impulso  adecuado en la dirección necesaria. Él y los sectores que controlan el aparato seguirán administrando el nuevo obiolismo debidamente traducido por el hábil Miquel Iceta. Sin capacidad de impulso, como simple masa inercial las bases del PSC se limitarán a izar y arriar las velas de un barco cuyo timón está en manos de quienes ya han optado por la vía soberanista y que fraudulentamente, con nocturnidad y alevosía, cuando la calma chicha no permita utilizar la fuerza del velamen, sacarán de contrabando un silencioso motor para volver a sacar ventaja y situar a la sociedad catalana en los nuevos mares, esta vez claramente procelosos, de la independencia, es decir de la soledad.

Nos pedía el bueno de Justo Dominguez que nos ciñéramos en plantear qué PSC queremos. Mi propuesta fue sencilla: queremos un PSC que no quiera reducir Cataluña al catalanismo, porque Cataluña es más que el catalanismo, Cataluña es compleja y diversa tanto como lo es España en su conjunto. Es necesario, concluí yo, que quienes sentimos tan importante la preservación de la cohesión social en Cataluña como en España tomemos conciencia, nos motivemos, nos movilicemos y reforcemos los instrumentos que la hagan posible. En cada elección futura habrá una oportunidad. Ahí estará mi empeño. En mayo por ejemplo.